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La Elección General del 18 de octubre del 2020 es diferente a la del 2019
Análisis histórico electoral de Daniel Castro.
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Los candidatos a Presidente de Bolivia del 2019 y del 2020.
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Quienes pretenden hacer coincidir los hechos y resultados de las elecciones del pasado 20 de octubre (2019) con lo que podría ocurrir este 18 de octubre (2020), están forzando la realidad como si fueran operaciones matemáticas que al sumarse o restarse entre sí, se repiten exactamente igual.

Las ciencias sociales señalan que las sociedades humanas tienen comportamientos que pese a ser parecidos evolucionan y no se pueden repetir porque varían los personajes y los hechos históricos.

Es lo que ha ocurrido en nuestro país. Recordemos que luego de los hechos de octubre de 2003, con la insurrección popular, definida como golpe de estado por el gobierno del MNR, que derivó en la renuncia del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni), Bolivia ingresó en un periodo de inestabilidad política que no pudo ser contenida por el débil gobierno de Carlos Mesa, que finalmente renunció, no sin antes negociar con el Movimiento al Socialismo (MAS) para evitar la sucesión constitucional, que le correspondía a Hormando Vaca Díez, como Presidente del Senado o en su defecto, a Mario Cossío, Presidente de la Cámara de Diputados. Ambos líderes no estaban en los planes de la oligarquía paceña, que ya había elegido a Evo Morales para representar sus intereses centralistas.

Fue así que el cargo recayó en Eduardo Rodríguez Velzé, quien convocó a elecciones y seis meses después, el 22 de enero de 2006, Evo Morales y Álvaro García Linera, inauguraban el régimen populista del MAS, denominado proceso de cambio; que, previa asamblea constituyente acabó con la república. Estrenando constitución y el estado plurinacional, convocó a elecciones acortando su primer mandato, para presentarse estrenando su primer período, que lo habilitaba para un segundo mandato en 2014.

Con tres mandatos consecutivos en la práctica, Morales inmediatamente después de ser re-re-elegido, decidió convocar a un referéndum para intentar cambiar un artículo de la constitución que le abriera la puerta a ser nuevamente elegido, pero el 21 de febrero de 2016, el pueblo boliviano le dijo que no podía volver a postularse.

El veredicto del 21-F fue desconocido por el jefazo y atribuido al llamado “cartel de la mentira”, acusando a los medios de comunicación y a la derecha “vendida al imperio” el haber confabulado para su derrota. Ahí fue que urdieron una impostura jurídica para demandar un supuesto derecho que le era conculcado en la CPE, que ellos mismos aprobaron en un cuartel en Oruro y con la complicidad del Tribunal Plurinacional Constitucional, los bolivianos y el mundo entero con sorpresa y después con estupor nos enteramos que era “un derecho humano” postularse a un cargo electivo indefinidamente.

La “jugada maestra”, contó con la complicidad de alcaldes y gobernadores de la oposición, que ya se habían beneficiado con la primera jugada de Evo, de no contar su elección republicana, para también sumar tres periodos consecutivos, como ocurrió con varios alcaldes y el gobernador de Santa Cruz.

Sin embargo, el desgaste de la gestión gubernamental, el abuso de poder, el endiosamiento de Evo, con el derroche de más de ocho mil millones de dólares en obras inservibles con abultados sobreprecios y la corrupción galopante, generaron un descontento popular que en silencio fue creciendo.

La repetida promesa de “gobernar obedeciendo al pueblo”, del endiosado líder inmortalizado en su museo de Orinoca, quedó solo en el discurso porque los indígenas y las clases desposeídas hacía mucho que habían quedado fuera de su gobierno.

Con la abultada carga de un gobierno manchado por reiterados escándalos de corrupción, un déficit fiscal que crecía año a año y la violación del resultado del referéndum, que fue una de las banderas que utilizaron los cívicos y las plataformas para demandar el respeto a su voto, llegaron las elecciones del 20 de octubre de 2019.

El régimen llegaba confiado. Había armado todo el aparato y reglas electorales a su medida. Los vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE), responsables de organizar, fiscalizar y garantizar el resultado eleccionario respondían a sus intereses y contaba con el apoyo de toda la estructura gubernamental.

No solo eso, el “as bajo la manga” era el sistema de cómputos que ya estaba manipulado por una veintena de extranjeros desde un hotel y desde el piso 17 de la “Casa Grande del Pueblo”.

La primera señal de alarma para la población se dio cuando inesperadamente, el Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) dejó de actualizarse a las 19:40 Hrs., cuando llegaba al 83,79%. Pese a semejante andamiaje montado para el fraude, los números no cerraban porque la estrategia de la oposición de unirse en torno a un solo candidato le impedía ganar en primera vuelta y por amplio margen, como había ocurrido en anteriores elecciones.

Fue el principio del fin. Los veedores internacionales se sumaron al reclamo de la población y en su desesperación, Evo primero aceptó ir a segunda vuelta y después dijo que se podían repetir las elecciones. Su suerte ya estaba echada, porque se sucedieron las protestas, los 21 días de paro y luego de 13 años y nueve meses, otra insurrección popular, ahora tildada de golpe de estado por Evo y sus seguidores, lo hizo renunciar el 12 de noviembre, de 2019.

¿Qué se viene el 18 de octubre del 2020?:

Una elección con nuevos actores y la ausencia del hombre que encarnaba el poder total. Sin Evo Morales, su partido intenta repetir glorias pasadas, esperanzado en el voto étnico y el aparato montado en el TSE, con personal que todavía le es fiel, pero ya no es dueño absoluto de la cancha y del “árbitro”; además, la clase media que le dio su apoyo y casi duplicó su voto duro, ahora ya mira hacia otro frente.

Por otro lado, el candidato que encarnó la estrategia del voto útil el año pasado, apuesta a repetir el apoyo de la oposición, con el consabido discurso de atemorizar al ciudadano para lograr sus propósitos.

El gran problema es que las élites andinas que antes eligieron a Evo, ahora lo apoyan a Carlos Mesa a sabiendas de que es la manera de conservar el poder político; pero, como el occidente con su voto étnico y prebendalista sigue con el MAS, pretenden que el oriente les dé la victoria que tanto anhelan.

La gran diferencia de esta elección radica en que hay un actor que fue clave en las luchas cívicas para echar al dictador, que se adueñó del voto y del territorio del oriente. Luis Fernando Camacho, de CREEMOS, encarna el cambio y la llegada de nuevos vientos en la política.

Ese liderazgo fuerte que le permite un cómodo tercer lugar, molesta a la oposición que cogobernó con el MAS y ahora aliados con la oligarquía paceña, pretenden que se baje de su candidatura, para que ellos puedan repetir el resultado del mal llamado voto útil.

Dicho así, suena coherente y hasta racional, pero se olvidan que el partido del cocalero, nunca se fue de este país y estará aquí terciando en esta y las próximas elecciones porque consolidó un voto duro en el campo y en la ciudad.

También se olvidan que el bipartidismo nunca se dio en Bolivia. Imagínense una Asamblea Legislativa Plurinacional sólo con parlamentarios del MAS que saben cómo manejar el poder y los de Comunidad Ciudadana, de variado pelambre y muchos, desde Mesa y Pedraza, han señalado que son ideológicamente afines a los azules.

Ese panorama no les da ninguna certidumbre a las regiones y en especial a Santa Cruz, motor agroindustrial del país y responsable del retorno de las libertades democráticas por su valiente lucha los 21 días de paro. Con los coincidentes datos de las encuestas de un cerrado resultado que posibilita una segunda vuelta entre los dos más votados, la única garantía de defensa de lo regional y lo nacional en el parlamento es para los votantes del oriente una contundente victoria de su candidato, que por su multitudinario cierre de campaña en el Cristo Redentor le daría la fuerza para terciar en el Parlamento y garantizar que sigamos lo s bolivianos respirando aires democráticos en el país.

Por: Daniel Castro Saavedra (periodista):

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia - octubre/2020.
2020-10-14 23:55:16

 
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